Foie con hongos beltxas y alcachofas en el Túbal

No es un estallido de cuarzos diminutos de colores,
ni el brotar instantáneo de melodías divergentes:
es más como una mano que acaricia por sorpresa
o el rodar de los jugos de un tallo misterioso.
Es como el dormirse de las eras,
como el viento apagándose en una tarde de septiembre.
Es como morder el corazón de una promesa.

¿Qué magia en los calderos
alcanza las entrañas
oscuras y calientes
del animal sacrificado

y la vulva salvaje de los bosques

y el latido seco de los campos

y atando a sus demonios con hilos invisibles
los rinde frente a mí?
Un instante, la luz marrón,
el ruido de los platos y las sillas,
y el siguiente
persiguiéndome por la cueva de mi paladar.
Es
como buscar mi boca
entre las piernas
del silencio.
Es
como el regreso
fugaz
de la consciencia.

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